Bianca Tessore
Buenos Aires, 1977.  Vive y trabaja en Buenos Aires.
Se graduó como arquitecta en la Universidad de Buenos Aires en 2001. En 2008 comenzó su acercamiento al dibujo y la pintura en el taller de Emilio Fatuzzo. En 2011 continuó su formación en el taller de José Alberto Marchi y estudió modelo vivo con Marcia Schvarts. Desde entonces desarrolla su práctica artística de manera autodidacta, profundizando especialmente en las posibilidades técnicas y expresivas de la pintura al óleo.
En 2012 obtuvo el 1º premio en el 10º Concurso de Pintura Telviso, con un jurado integrado por María Teresa Constantin, Coordinadora de Arte de la Fundación OSDE, y Oscar Smoje, Director del Palais de Glace. Participó en diversas muestras colectivas y en proyectos de exhibición como MAPA en La Rural (2026), BADA en La Rural (2023 y 2024) y Casa FOA (2021 y 2023), donde sus obras fueron seleccionadas para ambientar distintos espacios. En 2025 realizó una muestra a dúo en el Banco Ciudad. Sus obras forman parte de colecciones particulares en Argentina, Brasil, México, Uruguay, Estados Unidos, España, Israel, Suiza y Alemania. Desde hace varios años dicta clases de dibujo y pintura en su propio taller.
Su práctica pictórica se desarrolla principalmente en óleo, dentro de un lenguaje figurativo y realista, y parte de una fuerte valoración de la técnica y de los procedimientos de la pintura clásica. Su investigación recupera recursos de la tradición flamenca y renacentista para ponerlos en diálogo con la cultura visual contemporánea y con las nuevas tecnologías de producción de imágenes.
Retrata principalmente mujeres y niñas que parecen habitar simultáneamente distintas épocas. Sus escenas combinan elementos históricos con referencias contemporáneas y de la cultura pop, creando realidades visualmente posibles pero que, en muchos casos, nunca podrían haber existido. Le interesa trabajar en ese límite ambiguo en el que una imagen puede parecer un registro de la realidad y, al mismo tiempo, revelar su condición de artificio.
La construcción de sus escenas comienza en el ámbito digital. Desde sus primeros trabajos utilizó herramientas como Photoshop y, actualmente, incorpora inteligencia artificial para generar y transformar imágenes. Sin embargo, el proceso no termina en lo digital: esas imágenes son posteriormente traducidas al lenguaje tradicional del óleo. Este pasaje entre una tecnología contemporánea y una técnica pictórica histórica constituye una parte esencial de su práctica. Al pintar, la imagen digital deja de ser una superficie terminada y se descompone en relaciones de color, valores, luces y sombras para volver a existir a través de la materia.
El tiempo atraviesa este proceso de distintas maneras. Una fotografía registra un instante; la pintura, en cambio, requiere tiempo para volver a construirlo. Durante ese proceso, aquello que parecía ser un momento único se despliega nuevamente y se transforma en una experiencia temporal. Del mismo modo, sus escenas pueden reunir elementos, personajes o referencias pertenecientes a momentos históricos diferentes, creando encuentros que no podrían suceder en una misma realidad. El tiempo aparece entonces no solamente como aquello que transcurre, sino como un espacio que puede ser reorganizado, superpuesto y reconstruido dentro de la pintura.
En este juego entre realidad y ficción, pasado y presente, tecnología y tradición, la mirada ocupa un lugar central. Sus personajes observan directamente al espectador y funcionan como una presencia que sostiene la tensión de la escena. La apariencia hiperrealista y la belleza de las imágenes constituyen un primer acceso, pero detrás de esa superficie busca abrir una zona de incertidumbre: aquello que parece real puede ser una construcción; aquello que parece un instante puede contener múltiples tiempos; y aquello que parece una imagen acabada puede revelar, al ser pintado, todo aquello de lo que está hecho.
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